Era la mañana del martes 10 de noviembre. Como a las 7:30 am estaba en la pantalla de ViveTV el profesor Aristóbulo Isturiz. En plan de moderador del programa, Isturiz conversaba telefónicamente con un compatriota de nombre Rafael Fernández, identificado en pantalla como “representante de la Radio Comunitaria Macarao 102.3 FM”. De lo que menos hablaron fue de la comunidad, pues casi toda la conversación estuvo centrada en el proceso electoral interno del PSUV previsto para hoy domingo 15. Si embargo, en uno de los escasos segundos dedicados a lo que pasaba allá en Macarao, Fernández hizo alusión a la situación de la Escuela Luis Eduardo Egui Arocha. Refirió el entrevistado que ese plantel estaba iniciando clases ese día (¡Iniciando año escolar un 10 de noviembre, dos meses después de lo establecido en el calendario escolar!), gracias a que los niños recibirían clases “en los galpones del SEFAR”, el servicio estatal de producción de fármacos, cuya sede esta en Las Adjuntas.
Esta es la placa que "conmemora" la fradulenta reparación hecha en el año 2004 por un contratista, sobrino del Ministro de Educación...MORAL Y LUCES “GALPONEADAS”
Cuando escuché esta referencia a la Escuela Egui Arocha me acerqué lo más posible al televisor. Quería ver la expresión del Profesor Isturíz al respecto. Me interesaba sobremanera detallar el rostro no del burócrata Isturiz, sino del maestro Aristóbulo. Ustedes se preguntarán, ¿Por qué tanto interés? ¿Qué tiene que ver el Aristóbulo educador o el Istúriz político con esa escuela? Ese, precisamente, es el punto.
La escuela Luis Eduardo Egui Arocha tiene casi medio siglo llevando moral y luces a niños y niñas que provienen de algunas de las familias más pobres entre los pobres: las que habitan en la carretera vieja Caracas-Los Teques. Durante esas décadas, el cerro que esta detrás de la escuela dejó de ser montaña virgen y se convirtió en barrio. La quebrada que baja del cerro, las aguas de lluvia que tienen ese declive como escorrentía y –sobre todo- las aguas negras provenientes de las centenares de viviendas que ahora salpican el lomo de la montaña, terminaron por horadar el terreno en que están los cimientos de la Escuela.
Ese por cierto no debería ser un gran problema, en un país que tiene suficientes recursos como para condolerse por la suerte de los pobres de Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Africa y hasta de los mismísimos Estados Unidos. En efecto: En el año 2004, siendo Ministro de Educación el Profesor Aristóbulo Istúriz, ese despacho ordena la reparación del plantel. Ni la comunidad educativa ni el Consejo Comunal son consultados, por cierto, para designar a la empresa que llevaría adelante los trabajos. Según denuncia la para entonces directora de la escuela, profesora Margot de Morillo, hoy docente jubilada, a la comunidad esa información llegó como una decisión tomada “desde arriba”: la reparación de la escuela sería hecha por una empresa dirigida por… un sobrino del Ministro de Educación, alguien de nombre Nelson Isturiz.
Este es el cartel que anunciaba a padres y representantes que sus hijos serían "galponeados", es decir, que recibirían clases en los galpones del SEFAR...DEL PEDAGOGO AL DEMAGOGO
Según denuncia la comunidad, este Istúriz (el “contratista”, no su tío el ministro...) no hizo su trabajo a conciencia y se limitó a “echarle dos camiones de granzón al hueco”. Con ese maquillaje la escuela fue pomposamente “reinaugurada” en 2004, de lo que queda como recuerdo patético una placa en el edificio que hoy, apenas cinco años después, esta a punto de derrumbarse, otra vez.
Por todo eso me interesaba la reacción de Istúriz, no del demagogo sino del pedagogo. ¿Tendría algún gesto de contricción Aristóbulo? ¿Explicaría algo, desmentiría algo, reconocería algo? ¿Habría algún personal ejercicio de las fulanas “3 R” (revisión, rectificación y reimpulso)? ¿Se revisaría públicamente, rectificaría públicamente, reimpulsaría Isturiz su credibilidad, hablando con franqueza de una situación en la que parece evidente su responsabilidad política, su vinculación administrativa y hasta su relación familiar?
Profesora Margot de Morillo, Directora jubilada de la Escuela: "el sobrino de Aristóbulo le echó dos camiones de granzón al hueco, y se fue". Hoy los niños pagan las consecuencias... Pues, lamentablemente, no. Con cara de piedra, el “maestro” Istúriz se hizo el loco ante la evidente irregularidad de una escuela empezando clases en Noviembre, y ante el lamentable despropósito de unos niños oyendo clases en unos galpones. Mucho menos explicó nada acerca del curioso hecho de que este hoy inhabitable una escuela reparada hace apenas cinco años, mientras él era Ministro, reparación que además estuvo a cargo de una empresa de un familiar suyo. Imperturbable, Isturiz el político siguió hablando de “elecciones internas”, de “gabinete parroquial”, de “poder popular”. Ni una palabra para los niños “galponeados” de la Egui Arocha.
En cierta oportunidad el Aristóbulo irreverente que alguna vez conocimos reaccionó frente a un desplante presidencial diciendo: “¡Chávez se fumó una limpia!”. Evidentemente, el tiempo pasa, y el poder cambia a ciertas personas. Ahora son otros los que fuman lumpias, las inhalan, se las inyectan y hasta las usarían como supositorios si con eso fueran capaces de complacer al dueño del poder.
ÉTICA, RETÓRICA Y POLÍTICA
Para alcanzar la Venezuela que nos merecemos habrá que hacer muchas cosas: habrá que reparar escuelas y construir muchas más, habrá que recuperar la industria petrolera, habrá que reconstruir instituciones, convertir en condominios populares los barrios de todo el país y llenar a esta Venezuela de empresas, autopistas, universidades e instalaciones turísticas. Todo eso habrá que hacerlo. Pero además será fundamental lograr la unión plena de la ética con la política. Esa es una de las claves para lograr una Nación capaz de superar los horrores del presente y los errores del pasado.









