La mujer que aparece en la gráfica cierra con fuerza los labios, para no dejar escapar lamento alguno. Pero no puede cerrar los ojos, húmedos aunque cansados por 240 días de llanto. Ella es Xiomara Arteaga. Hace ocho meses (¡OCHO MESES!) su hijo, José Luis Bogado, fue asesinado. El 21 de enero de 2009 una vecina, allá en el Barrio Zamora de El Valle, estaba siendo agredida por un violador y José Luis fue a defenderla. Cuentan los vecinos que cuando ya el violador había huído y José Luis socorría a la víctima, llegó al lugar una comisión de la Policía Metropolitana. A pesar de los gritos de todo el barrio ("¡Ese no es, ese es sano, el la salvó, ese no es...!") los PM abrieron fuego, dejando moribundo a José Luis. Cuando Xiomara se entera de que lo que le pasó a su hijo intenta subir las escaleras para socorrerlo. Pero no puede llegar hasta donde José Luis agoniza porque los disparos de los PM se lo impiden. Bajo la lluvia de balas (¡Balas contra una madre que quería socorrer a su hijo!) una vecina le abre la puerta, la mete a su casa y le dice "¡Tu te quedas aquí! ¡Tienes que pensar en que tienes más hijos y nietos! ¡Si sales te asesinan a ti tambien!". Ocho meses después, los presuntos autores materiales del asesinato de José Luis Bogado, dos miembros activos de la Policía Metropolitana, estan plenamente identificados, pero el juicio ni siquiera ha empezado. Con antecedentes como estos, es perfectamente entendible la abierta desconfianza de la comunidad de El Valle ante las versiones oficiales de la PM sobre la masacre de el Barrio El 70 ocurrida en la tarde-noche del martes 22 de septiembre...
¿EN QUE SE PARECE UN BURDEL A LA JUSTICIA?
Imagínese por un instante la siguiente situación: En su comunidad, cerca de su vivienda, específicamente entre su casa y la escuela donde estudian sus hijos, de repente alguien monta un burdel. El establecimiento funciona 24 por 24, y a cualquier hora la tranquilidad del vecindario se ve perturbada por los gritos, peleas y situaciones escabrosas que tienen como protagonistas a las personas que “trabajan” en ese lugar y los “clientes” que allí acuden. Para proteger su comunidad, su casa y sus hijos, usted llama a la policía, pone la denuncia en la alcaldía y pinta carteles, pero nada da resultado. Entonces se le ocurre una idea genial: Hacer “quebrar” económicamente al prostíbulo, para que se tenga que ir. Para lograrlo, usted convierte su casa en un burdel y le hace competencia desleal: sus “trabajadoras” cobran más barato, prestan más “servicios”, regala preservativos y hasta hace “descuentos”. Finalmente, el primer prostíbulo pierde. El dueño recoge sus colchones, su “personal” y se va del lugar. Pero en ese momento usted se da cuenta de que su burdel... ¡Tuvo éxito! El sustento de decenas de familias dependen de usted, y centenares de clientes están contando con que lo mantenga funcionando. Como un Jimmy Carter cualquiera, usted descubre demasiado tarde que su estrategia no “venció” al primer prostíbulo sino que, en fin de cuentas, la prostitución ganó y perdió la comunidad…
¿VENCIÓ LA PM O GANÓ "EL CARTONERO"?
Apliquemos este esquema de razonamiento a lo ocurrido el pasado martes 22 de septiembre en el Barrio El 70, en la parroquia El Valle. Según la versión policial oficial, allí se produjo una acción conjunta de varios cuerpos de seguridad contra una peligrosa banda hamponil que tenía azotada a una comunidad y que era responsable de numerosos asesinatos, violaciones y robos, operación que -tras un tiroteo que duró horas- concluyó con saldo de cuatro policías heridos y 10 presuntos antisociales muertos. Sin embargo, versiones que tienen como fuente a integrantes de otros cuerpos policiales señalan que tal “operación limpieza” se inició como un enfrentamiento entre bandas, toda vez que la pandilla exterminada había hecho una alianza con la supuesta banda de “Los Sin Ley” para hacer frente a una organización criminal mayor, llamada “El Cartel de los Sapos” precisamente por estar conformada por ex policías. Aquí la situación se complica más aún: La crónica del excelente periodista Gustavo Rodríguez, que cubre la fuente de sucesos para el diario El Universal, recoge en el barrio la información de que el líder del “Cartel de Los Sapos”, un sujeto apodado “El Cartonero”, es en realidad “un funcionario activo de la Policía Metropolitana que decidió ejercer el control monopólico de las drogas, los robos y el cobro de peaje”. La señora Belkys Donaire declaró a ese mismo periodista que “El Cartel de Los Sapos no es más que malandros legales porque tienen chapas que les permiten matar y 'sembrar' a culpables e inocentes”. El hijo de la señora Donaire, Kelvis Arturo Betancourt (ex integrante de la Guardia de Honor Presidencial, cuerpo del que presuntamente desertó) fue una de las víctimas fatales de la masacre.
HECHOS VS. "VERSIONES"
Además de éstas, seguramente existirán muchas otras versiones. Y en este país ultra-polarizado cada quien asumirá como cierta la que mejor le acomode. Unos preferirán creer que se trató de “una operación policial de combate al hampa, como lo está pidiendo el país”. Otros se escandalizarán ante la posibilidad de que la banda de “El Bachaco” haya salido a enfrentar al Cartel de Los Sapos y en vez de encontrarse con la banda rival se hayan dado de narices con varios centenares de efectivos de la fuerza pública, que de esa manera habrían inclinado la balanza no a favor de la justicia, como sería lo deseable, sino a favor de la otra banda, dentro del complejo mundo de la “ecología del hampa”...
En todo caso, hay algunas cosas que no tienen que ver con versiones, sino con hechos: Es un hecho que en Venezuela no existe pena de muerte. Es un hecho también que la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela establece que un ciudadano puede ser detenido sólo cuando la aprehensión ocurra en el mismo momento y lugar en que esté cometiendo un delito (lo que se conoce como “flagrancia”) o cuando exista una orden emanada de un juez. Es un hecho también que no se conoce que en la “razzia” de El Valle hayan habido ordenes judiciales de detención o de allanamiento, o que fiscales del Ministerio Público hayan estado presentes para garantizar los derechos humanos y constitucionales de las personas afectadas por este peculiar “enfrentamiento” en que del lado de los “presuntos malos” no hubo heridos ni detenidos… sólo muertos.
EN "EL 70" GANÓ LA LÓGICA DEL HAMPA
Si en el Barrio “El 70” quedaba alguien que confiara aun en que las instituciones funcionan, en que los tribunales, la fiscalía y la defensoría del pueblo sirven para algo, en que se puede aspirar a que el derecho constitucional a la vida, a la inviolabilidad del hogar y a la presunción de inocencia sean respetados, si alguien quedaba en el barrio que confiara más en la Ley que en las balas, seguramente ese alguien hoy debe estar pensando en forma distinta. Porque, como en el ejemplo del prostíbulo, en la batalla del martes 22 en El Valle lo menos importante es saber si el bando que ganó tenía “chapa” o no. En realidad, la “lógica” que ganó fue la de la violencia. Que la policía haya ganado esa noche es una circunstancia, un incidente, casi un accidente, porque todos sabemos que incursiones así se producen sólo muy de vez en cuando. De resto, el más fuerte en el barrio es el hampa. Por eso, al actuar de acuerdo a la “Ley del Más Fuerte” en realidad se esta fortaleciendo social y culturalmente la Ley del Hampa.
En la noche del martes 22 el Estado de Desecho tuvo una victoria, y el Estado de Derecho salió derrotado. Convertir a nuestros barrios en espacios vivibles, y a nuestro país en la gran nación que puede y debe ser, no es un asunto de discursos en la ONU, de “giras internacionales” o de “cumbres” en Margarita. El asunto esta en derrotar el Estado de Desecho, ese en el que nuestros derechos son sólo basura, y construir entre todos un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, como dice la Constitución, un Estado en el que los obreros chavistas de Lagunillas no tengan que coserse la boca para reclamar su derecho al trabajo, y en el que el estudiante Julio Rivas no tenga que ir preso, como en los tiempos de Gómez, por el supuesto delito de “manifestar”.
Se trata, pues, de derrotar a los malandros. Tanto al que atraca a un ciudadano como al que saquea a todo un país. Ese es el trabajo.


1 comentarios:
En la batalla de Antietam de la guerra civil de Estados Unidos murieron 3.650 soldados e hirieron a más de 17.000. Según los historiadores, fue la batalla más sangrienta de la guerra civil. Los que murieron fueron padres, hijos, tíos, esposos, amigos de alguien. Para honrar sus vidas, para recordar la luz que ellos representaron, la asociación Antietan National Battlefield celebra la "Illuminaria". Encienden una vela por cada una de las víctimas, muertos o heridos. Cada vela representa una vida sesgada por la violencia de la guerra. También honra el dolor de los huérfanos, las viudas, los padres sin hijos que quedaron lamentando la ausencia de esas víctimas.
Nosotros también tenemos una guerra, aunque la nuestra no tiene un enemigo con banderas o credos. Cada semana mueren decenas de venezolanos muertes violentas en las calles y barrios de nuestro país. ¿Quiénes mueren? Mueren niños, jóvenes, marginales, profesionales, delincuentes, inocentes, policías, militares, escoltas del presidente. La muerte, obedeciendo las leyes del azar que rigen el descontrol del país, se ha hecho amiga de todos. Las víctimas aparecen como estadísticas cada fin de semana. Esas estadísticas nos colocan como uno de los países más violentos del mundo, con más bajas que países en guerra. Pero igual que los muertos de Antietam, nuestros muertos también representaban una luz para sus seres queridos. Y esa luz la apaga el viento de violencia que recorre el país.
¿Qué fuerzas llevan a un niño de 15 años a tomar un arma y salir a la calle a matar o morir? El palestino acosado por el cerco y la humillación se pone un cinturón lleno de dinamita y sale a matar y a morir. Los monjes budistas de Viet Nam, acosados por los bombardeos y la indiferencia del gobierno central, se sentaban con sus con sus túnicas naranjas empapadas de gasolina a protestar con las llamas y su muerte. Esas muertes no se justifican, pero se explican.
Entonces preguntamos ¿qué fuerzas mueven a nuestros jóvenes marginales y a nuestros policías a ofrecerle sacrificios a la muerte diariamente? Uno de ellos declaró una vez que la vida en los barrios ocurre en un túnel. Todo es negro y no hay esperanza de ver luz. Están acorralados, sintiendo la muerte cerca a cada instante. Le han visto la cara tantas veces en los rostros ensangrentados de sus amigos o sus víctimas que la conocen de memoria. La desesperanza, la falta de oportunidades, la miseria, cavan fosas en donde entierran su futuro y salen a vivir un minuto más apostando el resto en la ruleta rusa de la sobrevivencia.
Ellos también merecen su iluminaria, no por la gloria con la que murieron--no hubo tal gloria—sino para darles la luz que no tuvieron. Para que esa luz alumbre entonces a los que aun no han muerto y se acabe el miedo.
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