sábado 28 de marzo de 2009

UN DIA DE FURIA (lecciones del 25-M)

Es una necedad del gobierno decir que el paro de los maestros fue “un fracaso”. Es también una majadería tradicionalista de los gremios aventurar que el mismo constituyó “un éxito”. El miércoles 25 fue un importante aprendizaje para todos: los gremios aprendieron que los “paros” no son la única forma posible de protesta. El gobierno aprendió que el miedo se acabó, que el chantaje que viene utilizando desde el 2002 (“quien se mueva lo boto…”) ya no le es útil. El país aprendió que tiene sentido ser solidario con los objetivos de una lucha, y ser crítico al mismo tiempo con la forma en que se esa lucha se instrumenta.

Mientras unos docentes protestaban dentro de sus aulas y otros lo hacían fuera de ellas, los médicos en lucha empujaban con sus pechos los escudos de los policías que, ilegalmente, intentaban impedir que avanzaran ¡por las aceras! en su caminata desde la Maternidad Concepción Palacios hasta la sede del Ministerio de Salud. “¡Yo soy el que te salva la vida cuando llegas baleado un sábado en la madrugada! ¿Que vas a hacer? ¿Me vas a pegar?” le gritó un joven médico del Hospital Vargas a un policía que intentaba cerrarle el paso. El policía cedió, más por la fuerza moral del grito que por la fuerza física del joven galeno.


Al mismo tiempo, en los alrededores del Nuevo Circo, Jorge Rodríguez se empeñaba en demostrar lo que muchos consideraban imposible: Que si se puede ser peor alcalde que Freddy Bernal. Como ya había hecho antes en la parroquia El Cementerio, su policía cargó en forma agresiva contra compatriotas de la economía informal. La violencia fue tal que tocó a dos transportistas, gremio que no estaba participando en protesta alguna… hasta el momento en que un chófer y un colector fueron presuntamente agredidos, con disparos de perdigones, por un efectivo de la policía de Rodríguez. La respuesta fue contundente. El supuesto agresor fue reducido a la fuerza por decenas de trabajadores del volante, que con furia vengaron la agresión inicial a sus colegas. Un individuo vestido de verde oliva –dizque un “guardia patrimonial, integrante de la Reserva”- intentó hostigar a los transportistas, fotografiándolos y amenazándolos. También llevo lo suyo. Al final, salvaron la vida porque dos valientes mujeres, trabajadoras de la economía informal, hicieron frente a la situación e impidieron que la indignación popular cobrara alguna víctima fatal.

El pueblo protestaba, el gobierno reprimía y Chávez “encadenó” los medios para tapar la represión, lo que ya constituye en él un modus operandi, pero ¿Y la oposición?...

...Pues la dirigencia política de la oposición estaba en una "rueda de prensa", desde el Hotel Eurobuilding, diciendo que se “declaraba en emergencia en defensa de la descentralización”. ¿No les parece demasiado conocida esta situación?

Obviamente, somos partidarios claros y frontales de la descentralización. Creemos que es necesario reivindicar y defender la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que establece que Venezuela es un Estado federal descentralizado. Estamos convencidos de que hay que restearse en la defensa de los gobernantes estadales y municipales que el pueblo se dio con su voto soberano. Pero al mismo tiempo estamos seguros de que la forma eficiente de dar esa lucha no es con declaraciones solemnes desde un hotel del este caraqueño, o con “marchas” tan llamativas como esporádicas. La manera eficiente y eficaz de defender la descentralización es en la calle, con el pueblo, desde la denuncia concreta de los nefastos efectos que la re-centralización tiene en la vida de los venezolanos, especialmente de los más pobres.

Y la oportunidad para hacerlo esta allí, en el asfalto, frente a los escudos de plexiglás y bajo las nubes de gas lacrimógeno: la protesta de los médicos se origina en el caos ocasionado por Barreto y su jefe, al adscribir los hospitales municipales de Caracas al poder central. La raíz profunda del conflicto magisterial esta en la paralización del proceso de descentralización de la educación, pues hoy tendríamos a los educadores de cada estado discutiendo su contrato colectivo con el respetivo gobernante estadal, en vez de esta absurda situación de un Ministerio de Educación gigantesco y parapléjico intentando meter a todos los maestros del país en un único molde de contratación.

Incluso la extremadamente tensa situación del Nuevo Circo de Caracas, en la que transportistas y buhoneros dieron buena cuenta del “estilo Rodríguez” de gobierno, tiene su base en el tema de la descentralización. En rigor, el Municipio Libertador no debería existir. Un municipio de casi tres millones de habitantes (más poblado que casi todas las capitales estadales del país) es una pesadilla burocrática. Sin las competencias ni los recursos de una gobernación para atender una población tan grande, y sin la indispensable cercanía con sus ciudadanos para ser vocero eficiente de sus anhelos y luchas, el Municipio Libertador ha devenido en una guarimba oficialista, útil sólo para que el gobierno central intente desconocer a los demás alcaldes del área metropolitana. Pero en la lucha por la desagregación del actual Municipio Libertador sólo están ilustres urbanistas como Marco Negrón, u organizaciones civiles como Pro-Catia, Catia Somos Todos y el Radar de los Barrios, entre otras. Pero ¿Y la oposición? Sabremos de ella, probablemente, en la próxima elección…

Esta situación de pueblo luchando en la calle y dirigentes dando ruedas de prensa en hoteles conspira contra los partidos y contra el pueblo. La conflictividad social permanente, sin coordinación, sin estrategia común, puede devenir en desgaste y agotamiento. Por amplia que sea, una protesta social que no llegue a convertirse en movimiento social puede ser batida “al detal” por el gobierno. Y por otro lado, unos partidos que se asuman a si mismos como “maquinarias electorales” y que su única justificación social sea argumentar que ellos “manejan el padrón electoral” y que “garantizan la atención a las mesas” es, además de falso, suicida: Competir como “maquinaria electoral” con la del Estado es un absurdo, por la monstruosa asimetría en recursos. La posibilidad de éxito para un proyecto alternativo esta en responder a esa asimetría con otra: Frente al derroche del dinero y el monopolio del poder, un proyecto alternativo que quiera ser exitoso tiene que ser socialmente útil.

No es un asunto de semántica o de “puesta en escena”: defender la descentralización desde una rueda de prensa de funcionarios puede ser presentado por el gobierno como la mezquina defensa de los fueros y derechos de esos funcionarios. En cambio, defender la descentralización desde la calle, con el pueblo en lucha, es demostrar con los hechos, con la vida, que la descentralización que se defiende es el poder del pueblo, y que quien la ataca esta agrediendo al Soberano.

La diferencia no es poca. Y en ella reside la posibilidad de victoria.

sábado 21 de marzo de 2009

CARACAZO DEL SIGLO XXI...

Caracas huele a azufre, a pólvora, a sangre seca sobre el asfalto caliente. Hablo de Caracas, la completa, la de verdad. No la limitada cuadrícula urbana (unas cuantas avenidas, dos autopistas, 30 centros comerciales), sino esta inmensa ciudad compuesta por casi cinco mil barrios, en la que sobreviven siete de cada diez caraqueños.

En nuestra ciudad hay tensión. La crisis económica –esa que para la clase política sólo existe en las estadísticas y en los titulares- para el caraqueño de a pie significa desempleo y subempleo. “Rebusque”, pues. Poner comida en la mesa cuesta mucho más trabajo que antes. Y trabajo es lo que no hay. Hay “resuelve”, hay “vamos a ver”, hay la misión o la bequita, ayudas que se agradecen aunque, de “solucionar”, en realidad no solucionan nada… Pero trabajo, lo que se dice trabajo, es decir: 15 y último seguros, cesta tickets, prestaciones, jubilación y cesantía, de eso “no-hay”. Y si el plan oficial de cerrar la Polar se materializa habrá todavía menos. Muchos obreros colombianos se beneficiarán de los puestos de trabajo que en Venezuela desaparezcan.

Junto a la crisis económica, y estrechamente relacionada con ella, esta la crisis social. Sin agua y con basura, con hampa y sin médicos, con huecos en las calles sin alumbrado, todos los días estalla en cualquier rincón de la ciudad una protesta distinta. Cuando no son los maestros son las enfermeras, o los transportistas, o los trabajadores del Metro, o los de la Electricidad de Caracas. Y esos son los caraqueños con suerte, los que tienen a quien reclamarle. Los sin trabajo, los que tienen años viviendo arrimados esperando viviendas, los profesionales metidos a taxistas, los taxistas convertidos en buhoneros, los buhoneros desplazados a ninguna parte integran una masa ardiente, una especie de lava humana, que quema lo que toca y anuncia erupción.


Estos desarrollos en lo económico y lo social se producen sobre un tercer vector: la nueva y morbosa gramática de la violencia. Hace unos días, el cadáver de un compatriota asesinado en La California presentó cincuenta disparos. A los forenses les costó trabajo recoger el cuerpo, que se desmigajaba. En otro sector de la ciudad días antes asesinaron a un joven de 17 balazos en la cara. Aparecen cuerpos amarrados de pies y manos, empalados por el recto y con tiros de gracia. Crímenes especialmente crueles, usados para enviar mensajes a la banda rival, a la policía o a los vecinos, sobre la reafirmación de una hegemonía hamponil o sobre el advenimiento de nuevos dueños del barrio. Cuando los pistoleros salen a cazar a sus rivales y no los encuentran igual dejan un reguero de cuerpos, usando sangre inocente para marcar territorio. Las violaciones ahora son también una manera de cobrar afrentas o enviar advertencias. Todo esto en medio de la total desaparición de eso que alguna vez se llamó “el Estado de Derecho”: En el barrio, el sicariato es la informalización de la justicia, y el linchamiento es la informalización del sicariato.

Es en este contexto terrible que el ciudadano Presidente de la República se permitió afirmar que “si aquí hay de nuevo un Caracazo no será contra el gobierno, sino contra la burguesía, así que prepárense”. Una frase para el libro de oro de la irresponsabilidad hecha gobierno. Hace 20 años, indignación social y pillaje organizado se volvieron un solo torrente de manos vacías, que se fueron llenando de electrodomésticos y bolsas de comida. Ahora pistolas y granadas ocupan esas manos. Un Caracazo hoy sería algo muy distinto a lo ocurrido hace dos décadas. Y es una necedad criminal suponer que se puede jugar impunemente a la violencia.

“En los barrios de Venezuela todos los días hay un pequeño 27 de febrero” afirmó hace poco, con dolida razón del alma, Liliana Ortega. Es verdad. La ciudad y el país se desplazan hacia el barranco de una violencia que no somos capaces siquiera de imaginar, mientras el gobierno sigue jugando a que Venezuela es un laboratorio para su experimento político, la oposición se concentra en sacar cuentas sobre cuantos diputados obtendrá el año que viene y lo que queda de la empresa privada se debate entre el exilio y el acomodo, con las valientes excepciones de rigor.

¿Opciones? ¡Claro que las hay! Pero hay que meterle el pecho, hay que “jugarse el físico”. No se trata de valentía individual. Se trata de sentido común: Si perdemos este país nadie nos regalará otro. E irse para otro sitio, a ser ciudadano de tercera y aspirar a que algun día nuestros nietos sean aceptados como iguales, para muchos no es una opción. Evitar el desastre es –aún- posible. Construir una Venezuela de todas y todos, de adentro hacia fuera y de abajo hacia arriba, es un sueño realizable. En todo caso, hay con qué: Siete de cada diez ciudadanos simpatizantes del oficialismo asumieron originalmente esa posición porque querían cambiar el pasado, no porque estén metidos en la rosca cínico-militar de aprovechadores del poder. Igualmente, ocho de cada diez compatriotas que apoyan a la oposición lo hacen porque quieren cambiar el presente, no porque quieran volver al pasado. Hay un país, pues, hambriento de cambio y harto de la demagogia de los caudillos y de los cálculos grises de los operadores de la política convencional.

Nosotros, que trabajamos día a día desde el barrio, desde el dolor del pueblo, desde su desconcierto y su rabia, lo vemos con claridad: Ya no hay para donde correr la arruga. Acusar al gobierno y quejarse de la oposición no nos hacen avanzar un centímetro en la dirección correcta. Es necesario CONSTRUIR alternativas. Como están haciendo los sindicalistas chavistas y opositores que crearon Solidaridad Laboral. Como hicieron los médicos de Caracas al formar la Red de Sociedades Médicas. Como lo esta haciendo la Sociedad Bolivariana de Medicina General Integral, enfrentando los abusos y amenazas del coronel-ministro. Como esta haciendo la gente de “Catia Somos Todos” y Pro Catia, formando un frente de vecinos para lograr la elevación de esa gigantesca parroquia a la condición de municipio. Como están haciendo dirigentes políticos como Carlos Ocariz en Petare, Carlos Texeira en Vargas o Andrés Bello en Libertador, haciendo política desde la gente y con la gente todo el tiempo, no sólo cuando viene la campaña electoral.

El país esta al borde del abismo, y si se produce la caída no hay red de salvamento. Hay que construir esa red. Cada quien desde su espacio, participando, con coraje ciudadano y vocación de encuentro. Cada quien en lo suyo defendiendo lo que es de todos: ¡Venezuela!

"SOY ROJA-ROJITA, PERO NO GAFA-GAFITA..."

video

Madonna Cova es activista comunitaria en el Barrio La Alcabala, parroquia Maiquetía, La Guaira, estado Vargas. No esta ella, por cierto, rogando que "la mantenga el gobierno" a través de populismo barato o programas asistenciales. Ella (como sus hermanas, como sus vecinas) es una mujer de trabajo. El cartel que enseña esta colocado frente a su humilde vivienda, ofreciendo sus servicios: Estudiante universitaria de 21 años, madre soltera de un hijo, Madonna asesora trabajos de investigación, "tipea" tesis de grado, elabora curriculum vitae ("5, 50 bolívares fuertes sin foto. Con foto, 8 bolívares..."). Además, hace pedicure y es famosa en el barrio por colocar y decorar "uñas acrílicas" mejor que en cualquier peluquería de La Guaira. En realidad, Esta Madonna nuestra, esta "chica material" de Vargas, hace cualquier cosa que sea trabajo decente con tal de salir adelante ella junto con su hijo. Pero el barrio en que esta su casa se esta cayendo. Allí habitan personas que son damnificadas desde hace diez años, desde la tragedia del '99. Y nadie les ha prestado ayuda. Lo que estan pidiendo es que el Estado asuma la responsabilidad que le toca, en la relación de las obras de infraestructura que haganb manejable el riesgo geológico en su comunidad. "¿Que estan esperando?" pregunta, indignada y dolida, "¿Que se nos caiga encima la casa, el rancho, para entonces aparecer, mandando a unos para el cementerio y a otros para un refugio?"...

Por eso se indignó cuando el reciente ocho de marzo la invitaron a un acto pomposo ("con toldos lujosos, tu hubieras visto, con manteles finos, con un realero ahí, pues") para celebrar el "Día Internacional de la Mujer", mientras en su barrio las valientes mujeres de la comunidad tienen una década entre la rabia y el olvido.

Y para que nadie descalifique su denuncia, su protesta, su amarga y sorda rabia, diciendo que es un ardid opositor, declara: "Yo soy roja-rojita, y eso nadie me lo va a quitar. Pero no soy gafa-gafita...". Madonna, la nuestra, parte de ese sector del pueblo que tiene diez años siguiendo un liderazgo que alguna vez les dio esperanzas y que, tras una década de derroche y abundancia que solo aprovecharon unos pocos, ahora nos regala un "paquete económico". A ella nuestro respeto, nuestra solidaridad y nuestra compañía en ésta su lucha, que es la lucha de todos...

sábado 14 de marzo de 2009

72 % DE HABITANTES DE LOS BARRIOS RECHAZA EVENTUAL CIERRE DE EMPRESAS POLAR

Siete de cada diez habitantes de los sectores populares de la Gran Caracas se muestran en desacuerdo con una eventual medida de cierre por parte del Gobierno Nacional contra Empresas Polar.

Asi se desprende de una investigación realizada por el Monitor de Opinión Pública de la Asociación Civil Radar de los Barrios. El universo investigado fue “habitantes de sectores populares ubicados en el Municipio Sucre del Estado Miranda y en el Municipio Libertador del Distrito Capital”. La muestra fue de 500 viviendas, el muestreo utilizado fue polietápico y estratificado (ubicando al interior de los barrios las diferencias entre las familias que se encuentra en situación de pobreza moderada y aquellas que se encuentran en situación de pobreza extrema) y el margen de error estimado es 3,5 %. Atendiendo a su peso demográfico, una quinta parte de la muestra estudiada fue ubicada en barriadas populares del Municipio Sucre, concretamente en las parroquias Petare, Caucaguita, Fila de Mariches y La Dolorita, y cuatro quintas partes de la muestra estudiada se ubicó en barriadas del Municipio Libertador, específicamente en las parroquias 23 de Enero, Antímano, Caricuao, Coche, El Junquito, El Recreo, El Valle, La Pastora, La Vega, Macarao, San Agustín, San José, San Juan, Santa Rosalía y Sucre. En el caso de la parroquia El Recreo las viviendas incluidas en la muestra estuvieron en la zona de Simón Rodríguez, Pedro Camejo y Pinto Salinas, en tanto que en la Parroquia Santa Rosalía se incluyeron viviendas ubicadas en los barrios de esta parroquia que limitan con la parroquia El Valle, como el sector Los Cocuyos.
72 % de la muestra total investigada se pronunció en contra de un posible cierre por parte del Gobierno Nacional contra Empresas Polar, 17 % estuvo de acuerdo con una eventual medida de cierre contra este grupo empresarial y 11 % de los consultados se acogió a la fórmula “No sabe-No contesta”. Sin embargo, los números varían un tanto cuando desagregamos la información por sexo, edad, nivel socioeconómico y filiación política. En efecto, al desagregar la información por sexo las mujeres fueron más contundentes en su rechazo al posible cierre de Polar que los hombres (79.2 % de las mujeres estuvo en contra de una medida de esta naturaleza, mientras que 64.8 % de los hombres se opuso a esa posibilidad). Al analizar el comportamiento por grupos de edad encontramos que el mismo es relativamente homogéneo (jóvenes entre 18 y 30 años, y adultos de 30 años y más rechazan la medida en una proporción similar, 70 /30). Al desagregar la información por nivel socioeconómico encontramos que 85 % de los consultados pertenecientes al estrato de pobreza extrema optó por la formula “No sabe-No contesta”. Al desagregar la información por filiación política encontramos resultados que eran de esperarse, y otros que no: 100 % de los opositores se manifestó contra una eventual medida de cierre, 82 % de quienes se identificaron como “Ni-ni” también se opusieron, y un sorprendente 58 % de quienes se identificaron como simpatizantes del proyecto político liderado por el Presidente de la República también rechazaron un posible cierre de Empresas Polar por parte del Gobierno Nacional.

Las tres principales razones escogidas de una lista cerrada por quienes se opusieron a la medida fueron: “Si cierran Polar el gobierno después no respetará la propiedad privada de nadie”, 52 %; “El gobierno no es capaz de hacer productos de calidad como Empresas Polar”, 23 %. “La propiedad privada esta en la Constitución, y el gobierno tiene que cumplirla”, 14 %. La preferencia del restante 11 % de quienes se opusieron al eventual cierre de Empresas Polar se repartió entre otras nueve opciones.

Las tres principales razones esgrimidas por la minoría que apoyó un eventual cierre de Empresas Polar fueron las siguientes: “Si Chávez lo hace el sabrá porqué”, 62 %; “Ellos (Polar) esconden el arroz y lo pintan para venderlo más caro”, 24 %; “Parece que la Polar violó la Ley”, 8 %. En relación a este punto es interesante destacar que las demás razones para apoyar un eventual cierre de Empresas Polar, contenidas en la lista sometida a consideración de los encuestados y referidas a motivaciones de tipo ideológico (como por ejemplo: “Apoyo el cierre de Polar porque estoy con el socialismo”) fueron escogidas por sólo 6 % de quienes se manifestaron a favor de una medida como esa.

El Monitor de Opinión Pública de la Asociación Civil Radar de los Barrios es un grupo de trabajo desarrollado por esta organización no gubernamental con la colaboración de destacados profesionales en estadística para hacer frente a un problema concreto: Por razones de seguridad, por limitaciones logísticas o por una mezcla de ambos motivos, generalmente las empresas encuestadoras (aun las muy serias) suelen sub-estimar, en el sentido estricto del término, la opinión de los ciudadanos que viven en los barrios. La muestra teórica y la muestra real de sus estudios generalmente difieren mucho, por cuanto suelen aplicar la llamada “técnica de sustitución de viviendas” para evitar “poner en riesgo” a sus encuestadores y supervisores. De esta manera, si por ejemplo en un diseño muestral tienen que incluir 12 viviendas ubicadas en el Barrio El Guarataro en la parroquia San Juan, es frecuente que parte o la totalidad de esas viviendas sean “sustituidas” por otras ubicadas al pie de la Avenida San Martín, donde el riesgo de seguridad es menor y también son menores las complicaciones logísticas. Prácticas como estas implican un sesgo en tales investigaciones, y constituyen parte de las causas de resultados polémicos. Por cierto, una de las empresas que no suele incurrir en estas prácticas es el Instituto Venezolano de Análisis de Datos, IVAD, institución que tiene entre sus clientes al Gobierno Nacional y cuyos resultados generalmente son diferentes a los ofrecidos por otras empresas del área.

sábado 7 de marzo de 2009

MENSAJE DESDE EL BARRIO A LOS EMPRESARIOS VENEZOLANOS

A propósito de la expropiación de Cargill y las amenazas a Empresas Polar:

“Nos enfrentamos a un proyecto político que procura el control total de la sociedad eliminando la soberanía popular. En efecto, sólo puede ser 'soberano' quien es autónomo. Al atacar, reducir, 'domesticar' y eventualmente acabar con la empresa privada, este proyecto político persigue convertir a la población ya no en 'clientela' política, como en el pasado, sino en rehén económico del petro-estado…”

¿Qué tendría usted que hacer si fuera empresario y sus trabajadores vivieran en Taquijistán (o Guinea Bissau, o en Letonia, o en Tonga, o en “en el país de al lado”…? No es una pregunta retórica. La globalización ha convertido esta posibilidad en realidad cotidiana. Por eso, ¿Cómo construir una relación laboral sana y productiva entre trabajadores y gerentes que literalmente provienen de mundos distintos? ¿Es posible lograr eso apelando simplemente al jerárquico principio de autoridad?

La respuesta que da la experiencia es NO. Pretender utilizar la simple imposición de reglas de juego para resolver la diferencias culturales, de expectativas, de visiones de mundo, que son consecuencia lógica y natural de la diversidad de orígenes, generalmente conduce no a más productividad, sino a más conflictividad. Es por eso que las más exitosas empresas multinacionales han desarrollado mecanismos y dinámicas relacionales para que sus “culturas corporativas” CONOZCAN, COMPRENDAN, RESPETEN E INCLUSO INCORPOREN elementos destacados del entorno sociocultural del que provienen los trabajadores que laboran en sus plantas, emplazadas en diversos lugares del mundo.

ESE PAIS LLAMADO BARRIO…

Pero… ¿Qué ocurre cuando los trabajadores provienen no de un exótico y distante lugar, sino de “el país de al lado”? ¿Qué ocurre además cuando ese “país de al lado” no es Colombia o Brasil, sino este inmenso país que esta al lado de la urbanización en que usted vive, al lado de la autopista por la que usted transita, al lado del centro comercial en el que usted hace sus compras o se divierte? En síntesis: ¿Qué ocurre cuando “el país de al lado” es el país de los barrios?

Cuando eso pasa, desaparece el encanto de lo “exótico”. El abordaje de lo “distinto” no se hace ya desde la perspectiva semi-antropológica con que se suele ver un reportaje de
National Geographic o de Discovery Channel. En vez de eso empiezan a funcionar en la valoración de “lo distinto” los juicios previos, es decir, LOS PREJUICIOS, en lugar de una perspectiva que nos permita CONOCER, COMPRENDER, RESPETAR E INCORPORAR las claves fundamentales que caracterizan y hacen posibles (o imposibles…) las relaciones interpersonales, afectivas, laborales, políticas y sociales con las personas que vienen de este “país de los barrios” y que trabajan en las empresas en que ustedes se desempeñan como gerentes, directivos o propietarios.

TRABAJADORES EN LA EMPRESA, LIDERES EN LA COMUNIDAD

54 % de los venezolanos viven en barrios, y aproximadamente 16 % viven en las llamadas “urbanizaciones populares”. Siete de cada diez venezolanos residen en zonas económicamente deprimidas y socialmente segregadas. ¿Y cómo se vive en estas zonas? Pues, generalmente, no en la miseria. La indigencia es apenas la punta del gigantesco iceberg que es la pobreza. La pobreza extrema es apenas el 7 % del multiforme y complejo mundo de la pobreza. La inmensa mayoría de quienes residen en las zonas populares viven la pobreza desde matices cotidianos distintos al desamparo absoluto.

En realidad, la pobreza venezolana es una petro-pobreza, que se define no sólo a partir del infraconsumo sino desde la pertenencia a entornos personales, familiares y comunitarios que no solo son “pobres” sino que además son empobrecedores.

Un porcentaje muy importante de los ciudadanos que viven en estos espacios segregados intentan resolver el tema de la sobrevivencia económica en las precarias redes de la informalidad. Pero también están en nuestros barrios numerosos ciudadanos que logran el sustento de sus hogares desempeñando una plaza laboral en la empresa privada. Y es un hecho: el ciudadano que vive en el barrio y trabaja en una empresa privada es visto por sus vecinos como un afortunado, como alguien que ha logrado una plataforma de seguridad para si mismo y para su familia, no como “un explotado por el capitalismo”…

EMPRESAS CERRADAS Y PUEBLO REHÉN

Hoy la empresa privada venezolana esta siendo objeto de una embestida brutal por parte de los burócratas del Gobierno. Por eso es muy importante que se entienda y se asuma desde la perspectiva de las empresas que la vitalidad y calidad de ese nexo empresa-trabajador es fundamental. Día a día resulta más evidente que nos enfrentamos a un proyecto político que procura el control total de la sociedad eliminando la soberanía popular. En efecto, sólo puede ser “soberano” quien es autónomo. Al atacar, reducir, “domesticar” y eventualmente acabar con la empresa privada, este proyecto político persigue convertir a la población ya no en “clientela política”, como en el pasado, sino en rehén económico del petro-estado. En circunstancias como estas, la empresa no puede mantener un enfoque rutinario ni de sus relaciones laborales ni de sus relaciones con la comunidad.

Tanto las políticas de recursos humanos como los programas de responsabilidad social necesitan urgentemente ser revisados, pues son instrumentos que deben ser usados por las empresas en defensa propia. El objetivo de las políticas de recursos humanos no puede ser ya evitar la conflictividad, sino promover que los trabajadores puedan ejercerse en su entorno socio-comunitario como defensores entusiastas de los valores de la democracia, que son los de la libre empresa. El objetivo de los programas de responsabilidad social no puede ser ya el posicionamiento de la empresa como ciudadano corporativo responsable, sino la construcción de alianzas en las comunidades con los emprendedores populares, valiosos líderes que personifican en sus barrios la defensa de la libre iniciativa y la propiedad privada.

TRABAJO, DEMOCRACIA Y LIBERTAD

Los burócratas que llevan diez años de festín y derroche, y que ahora vienen a pedirle al pueblo la austeridad que ellos nunca han mostrado, quieren acabar con la empresa privada venezolana. Quieren que los venezolanos no tengamos más alternativa de vida que depender de lo que el Estado quiera. Es preciso entonces defender las libertades democráticas del pueblo: la libertad de trabajo, la libertad de escoger que alimentos comemos y que ropa vestimos, la libertad de decidir donde y a quien compramos esos productos, la libertad de vivir en un país donde el Estado existe para servir a las personas y no al revés.

Esa lucha hay que darla, y es perfectamente posible ganarla. Pero hay que hacerlo desde el pueblo y con el pueblo. Empresarios, trabajadores y comunidades, luchando juntos por esa gran empresa que se llama Venezuela.