Poco antes de morir, Michael Jackson le debía un realero a medio mundo. Han calculado en más de 500 millones de dólares la cantidad que adeudaba. Justamente para hacer frente a esas acreencias era que el Rey del Pop preparaba su regreso a los escenarios. Ciertamente, Jackson no tenía dinero para el momento en que la muerte le sorprendió. Pero… ¿Era Michael Jackson lo que podríamos llamar “un pobre”? Evidentemente, no.
En cambio, la niña de la gráfica que esta a la derecha de la imagen de Jackson niño (una niña nuestra, venezolana, sobreviviente del Barrio El Mulatal, parroquia Sucre, municipio Libertador, República Bolivariana de Venezuela) corre el peligro no de "andar limpia" en una que otra época, sino de ser pobre toda su vida, víctima de pobreza "crónica" o "estructural". ¿Que cómo es eso? Venga y le digo: No tener dinero en un momento determinado, eso que los venezolanos llamamos “andar limpio”, puede ser consecuencia directa de estar en la pobreza, pero también puede ser producto de la casualidad, resultado de una “racha de mala suerte” (es así como solemos llamar a las malas decisiones) o sencillamente puede ser una situación temporal, ya sea que se este a la espera de recibir un pago o que la persona se este formando para conseguir un mejor trabajo. En todo caso, podríamos definir una especie de fórmula: Todo pobre lo más seguro es que “ande limpio”, pero no todo el que “anda limpio” es necesariamente un pobre.
Efectivamente, “andar limpio” es sencillamente no tener dinero en un momento determinado, y eso se puede resolver de manera más o menos sencilla. En cambio, ser pobre es algo más grave y más profundo, tan grave y tan profundo como la injusticia social : además de no tener dinero, ser pobre es no tener acceso a las oportunidades de una vida mejor y, más grave aun, es no tener las capacidades necesarias para aprovechar las oportunidades, así estas se presenten en bandeja de plata.
Miremos a nuestro alrededor: Puede que alguien en el barrio acierte en la lotería, en los caballos o “reviente” un terminal. También es posible conocer a alguien que por fin tomaron en cuenta en una “misión” o que -estando ya en la “misión”- por fin le pagaron la beca o subsidio convenido. Puede incluso que producto del realero del petróleo que rueda por las calles en manos de los corruptos y de la nueva boliburguesía, algo le salpique a uno en el barrio, y de repente un familiar termine trabajando de escolta de un “chivo” o como motorizado en un ministerio. Cualquiera de esas opciones puede significar unos cuantos “centavos fuertes” en el bolsillo. ¿Pero significa eso que se “salió de abajo”, que se venció la pobreza, que se derotó la injusticia social, que se encontró el camino de la prosperidad para todos? Sabemos, por experiencia individual y colectiva, que no. Porque si aun con esos centavos de más en el bolsillo tenemos que vivir cerro arriba en zona de riesgo, porque no hay vivienda decente a nuestro alcance y porque no se cum'plen las políticas de Estado orientadas a habilitar los barrios, entonces seguimos en pobreza; Porque si aun con esos centavos en el bolsillo tenemos que ver como la chama más bonita del sector (a veces nuestra hermana, a veces nuestra hija…) se tiene que “empatar” con el malandro más malandro, porque si no lo hace los demás malandritos la violarían a cada rato, entonces seguimos en pobreza; Porque si aun con esos centavos de más en el bolsillo tenemos que terminar a la hora de una emergencia en un “Barrio Adentro” sin médicos o en un Hospital con médicos pero sin medicinas, entonces seguimos en pobreza. Y, el colmo de los colmos: Porque si se nos aparece la oportunidad de un trabajo fijo, legal, con quince y último, con prestaciones y seguridad social, pero no podemos aprovechar esa oportunidad porque no tenemos los conocimientos y las habilidades que se necesitan, entonces -aunque tengamos montado en un cuadro en la sala de la casa el diploma de la Misión-, resulta que desgraciadamente seguimos en pobreza, aunque tengamos en el bolsillo esos “centavos fuertes” que no teníamos antes…
Los expertos la apellidan “pobreza crónica”, o “pobreza estructural”, o “pobreza medida por necesidades básicas insatisfechas, más allá de la línea de pobreza definida por consumo”. En el barrio la apellidamos “pobreza insoportable”, “pobreza arrechante”, “pobreza no hay derecho”, “pobreza no me la calo”.
Y contra los culpables de esa pobreza lucharemos en el barrio, como en Curiepe, como en Guayana, como en el sector petrolero: El pueblo unido contra los burócratas, sumando victorias.










